25.8.11

Horacio Quiroga: El mono que asesinó (antología)


jueves 25 de agosto de 2011




Colaboración: El mono que asesinó, de Horacio Quiroga



Idioma original: español

Año de publicación: 1991 en esta antología; publicados originalmente en la revista Caras y Caretas de Buenos Aires entre 1908 y 1911 en forma de folletín

Valoración: Decepcionante




Como lector nunca me pregunté si un sentimiento que me asalta, cada tanto, me hermana a otros lectores, y es el de sentirme agradecido ante mi buena estrella por el hecho de haber leído después una mala obra de un escritor admirado, en vez de haberla leído antes. Quiero decir: me alegra haber leído antes Conversación en la Catedral que Lituma en los Andes; me alegra haber leído antes Cien años de soledad que Memoria de mis putas tristes; me alegra haber leído antes La conjura de los necios que La Biblia de neón; me alegra haber leído antes Cuentos de amor, de locura y de muerte que estos cuentitos (dos) de la antología que me ocupa. Y me alegra, porque si el orden hubiera sido el inverso, el asco o la descepción me habrían embargado durante años y quizás nunca habría juntado suficientes fuerzas como para acometer otras lecturas de esos (y tantos otros) autores. Porque es claro que nadie es perfecto, pero cuando me cruzo con la obra de un autor y es tan rematadamente mediocre, me quita el hambre, el sueño, el hipo y la voluntad de volver a leer una línea del suprascripto. Pero me pasa cuando leo antes esa obra mala antes, que no después.




Si usted es como yo, amable lector, huya de nada que no sea Cuentos de amor, de locura y de muerte o los cuentos selváticos de Horacio Quiroga la primera vez que agarre uno de sus libros con intención de leerlo; si agarra un libro que tenga, como el mío, los cuentos "El mono que asesinó" o "El hombre artificial" desvíe su mirada prestamente, como ante la visión de un/a viej@ desnud@ o de un/a gat@ comiendo un/a ratón/ona. El primer cuento, aún, se deja leer, y eso se debe a que el escritor uruguayo parece no tomarse demasiado en serio el tema del que trata su relato y se permite aquí y allá deslizar pequeñas y amables humoradas que hacen amena la lectura; pero el segundo es incomible e indigesto: el peor Quiroga posible, el más convencido de que en Poe hay que creer como en Dios mismo, el más trasnochadamente positivista y romántico a la vieja usanza. Dos personajes consumidos por una Voluntad irreductible, llevando a piñón fijo sus designios hasta sus últimas consecuencias y, obviamente, consumidos por las trágicas consecuencias inevitables del inexorable fracaso (o fracasísimo, como guste usted).



No es la única vez, de todos modos, que Quiroga presenta personajes consumidos por la Voluntad, cualquiera sea ésta; en "El Yaciyateré", por ejemplo, también hay un dúo de hombres adultos dejándose el alma a jirones en su lucha contra la adversidad que frustra sus planes y todo eso; pero el cuento está ambientado en medio de la selva misionera, y se nota.



Decepcionantes los cuentitos.



Firma: Ferbr1




Publicado originalmente en el blog Un libro al día

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