1.7.11

Niebla (Miguel de Unamuno)

Tengo una convicción profunda, de esas que nos hacen creer en una cosa y en su contrario, como el doblepensar o el ateísmo de Dalí, y es la convicción de que el mejor personaje creado por Unamuno ha sido el mismo Unamuno, en tanto energúmeno. Lo que escribió Ortiga sobre este tema poco me importa, la verdad, y si para Ortiga Unamuno era un "energúmeno español", que con su pan se lo coma. En definitiva, quien poco sabía de novelas, poco podrá opinar sobre novelistas. Pero a lo que iba. Mi convicción profunda de que Unamuno y sus unamunadas son lo mismo que decir energúmeno y energumenadas (y conste que me cae bien Unamuno) me lleva a la conclusión de que él, Unamuno, el personaje de la vida real, no el personaje de la novela que también se llama Unamuno, habría aborrecido Niebla si ésta hubiera sido escrita por otro escritor. Y esto, a pesar de que Unamuno, en sus artículos de La Nación al menos, declara que le encanta lo poco que va leyendo de Pirandello, a medida que lo va consiguiendo, y que mucho de ese encantamiento se debe a que Pirandello escribe más o menos como él, sobre todo cuando escribe Niebla.

Si me preguntan si lo pasé bien en leyendo Niebla, contestaré que, en definitiva, lo pasé bien. Quizás, antes de decir la última rotundidad, podré repetir "pasarlo bien" dos o tres veces y separados por puntos suspensivos. ¿Pero por qué lo pasé bien? Porque la novela esta tiene buenos momentos, tiene eso que en los escritores nóveles se llama hallazgos. Si uno le cree a don Mario J. Valdés, y nada hace suponer que esté equivocado, Niebla es un alarde de procedimientos, cosas y cositas. Hay Don Quijote, hay La Celestina, hay Quevedo, hay juego de espejos, hay destrucciones y deconstrucciones de la realidad de todo tipo, etc. También hay mucha truculencia y mucho sadismo psicológico. El protagonista de Niebla es un tipo tan tarado que sólo a partir de las feroces humillación y muerte de las últimas páginas se puede recuperar algo de simpatía hacia su persona. Pero mucha más piedad despierta el pobre perro, Orfeo, que amanece muerto a su lado, siendo otro de los hallazgos de la novela la descripción de sus sensaciones más verdaderamente perrunas, y que en mi caso me hicieron recordar a London cuando describe a chinos, lobos, perros e incluso a boxeadores.

Creo que, quienes gustan pensar acerca de la literatura, quienes están interesados por la teoría literaria, no harían mal en leer a Unamuno. Aún no leí todas sus novelas (de hecho, seguramente hay alguna/s que jamás leeré, y me refiero básicamente a Paz en la guerra) pero ya me va quedando bastante claro que Unamuno no escribía por escribir, sino que detrás de sus creaciones había un entramado sólido de decisiones. Quienes están tan encandilados con Onetti, con Piglia, con García Márquez y Flaubert y Faulkner, deberían pegarle un vistazo a la obra de Unamuno. Tampoco creo que sea una absoluta tontería leer más o menos al mismo tiempo a Unamuno y a Cortázar, Julio. De todos modos, tampoco creo, sinceramente, que nadie pueda descubrir un mundo nuevo a partir de la obra novelística de Unamuno. No me han conmovido desde las entrañas ni San Manuel Bueno, Mártir, ni Niebla, y no pido menos que eso de un escritor cuando leo su obra. Porque, convengamos, la diferencia entre la buena y la mala literatura es que la primera, si tenés lo que hay que tener, te cambia la vida, y es así de simple. Y si una obra maestra no te cambió la vida, en definitiva, es como el tango, que sabe esperar. Si me pregunto en qué cambién después de leerlo a Unamuno, no sé qué contestarme. Tampoco es que haya pasado sin pena ni gloria, pero eso se debe, me parece, a que las dos novelas suyas que leí funcionaron dentro de mi cabeza como puede hacerlo un manual de teoría literaria. Las decisiones estructurales de Unamuno están ahí, se ven, se palpan y se sienten, pero falta sustancia, para aprovechar una palabra que parece cara al creador de Niebla (tanto que la repite demasiadas veces en demasiado poco espacio, como "sonrisa enigmática" y alguna cosa más que ahora no me acuerdo). No siento que Niebla haya resultado sustanciosa. Simpática sí, y con muchos hallazgos. Vale la pena leerla, sí, también. Entre otras cosas, sirve para recordar que ya en 1907 se escribían  novelas como Niebla, antes de la irrupción de los Onetti, los Piglia, los García Márquez, los Cortázar, los Faulkner, etc.

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