La prensa internacional, por lo que he podido ver, no está prestando mucha atención al asuntillo incómodo de la RAH y su varias veces millonariamente subvencionado ejercicio de enaltecimiento del terrorismo de Estado. Y es una suerte para la imagen de este país. Supongo que los pepinos, el 15M y la crisis colman el vaso de exposición internacional. Pero la situación no podría ser más trágica, aunque el mundo no se entere. Que una institución beneplaciteada por la Casa Real reciba una subvención de varios millones de euros del Estado para publicar panegíricos dedicados al Facha Mayor y a sus fachillas, es un escándalo mayúsculo, de proporciones globales. Es inimaginable que en Italia el gobierno subvencione un panegírico de Mussolini, y es inimaginable, incluso, sabiendo que quien gobierna Italia es nada más y nada menos que Berlusconi. También es inimaginable que en Alemania el gobierno subvencione un panegírico de Hitler. En la Argentina, desde luego, el gobierno no subvenciona panegíricos del Proceso de Reorganización Nacional, antes bien todo lo contrario, aún hoy los asesinos son perseguidos por la justicia. Incluso en el Perú nadie recibe subvenciones por enaltecer el terrorismo del gobierno de Fujimori. Y los ejemplos pueden seguir eternamente. Donde sí se enaltece el fascismo, actualmente, es en dictaduras teocráticas como las de Irán, etc. Y también en España. Y pasa, con los socialistas en el gobierno. Y los socialistas no tienen mejor idea que ponerse a blablaberrear acerca de la libertad de expresión y sandeces semejantes, como si la libertad de expresión fuera un paraguas que permitiera todo, absolutamente todo, desde gritarle en la oreja al vecino, hasta cagarse en su muertos, pasando por enaltecer el terrorismo franquista. Ni los alemanes hablan de libertad de expresión cuando se glorifica a Hitler, ni lo hacen los italianos. Pero sí lo hacen los socialistas españoles.
¿Qué se ha torcido en España? ¿En qué momento se jodió España? Quizás, la última oportunidad para evitar esta deriva que parece irremediable haya sido durante la Transición. Hay un momento y un lugar para hacer las cosas, y el momento de juzgar a los dictadores y sus secuaces fue, sin duda, al comienzo de la Democracia. Como sucedió en la Argentina. Yo, si hay algo que tengo claro, es que si algo, cualquier cosa, es posible hacerse bien en la Argentina, es porque es posible hacerse bien en cualquier otro lado. Los argentinos somos campeones en cagarla. Entonces, vamos, si algo hemos hecho bien, es porque hasta un imbécil puede hacerlo bien. Pero en España no se hicieron bien las cosas, y todavía hoy se están pagando las consecuencias. Triste destino...
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