Si no recuerdo mal, los dos últimos filósofos que leí fueron Ortiga y Nietzsczszscche. España invertebrada al completo y Así hablaba Zaratustra, releído, masomeneadamente por la mitad, hasta que me aburrió. Desde luego, ni el Rey de los Asnos Españoles (Piglia dixit, y comparto) ni Nietzszsczsche han escrito cosas como que a la familia uno la recibe, pero a los amigos uno los escoge o que la amistad está basada en la igualdad o que no quisieron repetir como profesores lo que habían sufrido como alumnos, etc., pero quizás, y sólo quizás, sea porque esos dos tipos tenían muy claro que eran importantíiiiiisimos y mejores que todos, y Vernant no parece tener tantas seguridades.
Una escritura amena, la de Jean-Pierre Vernant, en Entre Mythe et politique (Seuil, 1996). Frases amables con el lector, a quien considera su igual. Nada hay de condescendiente en el transcurrir autobiográfico de este libro. No sé bien a santos de qué nos cuenta a los lectores que en la Grecia Antigua pasaba más o menos lo mismo que el almacenero me comenta mientras me prepara 100 gramos de jamón cocido (por verbi gratia, que la amistad se basa en la igualdad), pero bueno, se ve que son sus obsesiones. ¿Qué clase de filósofo escribe así, tan sencillo? Incluso es sencillo para mí, que patino demasiado leyendo en francés. Más, incluso, que leer las aventuras del Pequeño Nicolás. Se me ocurren Savater y Paulo Coelho, más o menos, vaya uno a saber por qué.
Ortiga se creía tan inteligentíiiiiiiiiiiisimo, que nunca se dio cuenta del enorme ridículo que implicaba reconocer en la introducción a España invertebrada que se había negado rotundamente a que la dicha dichosa obrita fuera traducida a otras lenguas. Claro, mijo, que si leían tu ensayito pedante iban a descubrir esas cosas de España que solamente vos, que sos muuuuuuy inteligente, descubriste, pero que no es bueno que los demás lo sepan porque, como las armas de las pelis yanquis, sería terrible: "¡no debemos permitir que el rayo hiperneutrónicoimbécil caiga en manos equivocadas, Robin!". Ortiga decía: "la novela está en decadencia", y los tontorrones le creían (1). Nietzszszsche, bueno, qué se puede decir de Nietssszsczssche. Un astuto espantaburgueses, mentiroso como un taxista o un vendedor de seguros. Pero que lo sabe todo sobre todo, y siente la imperiosa necesidad de vociferarlo a todas horas. Pero Vernant es un tipo agradable de ser leído. Tiene sus convicciones, sus sentimientos, los expresa, no rompe las bolas con su genialidad. Sale en la portada con un pequeño cigarro, y parece García Márquez.
No me costó ni un euro, comprado en un rastro. Después de tanto Petit Nicolas y de tanto Flaubert que no hay quién lo entienda en su lengua original, un soplo de aire fresco para mí, sí señor.
Notas
1) (...) Y conste, para empezar, que no lo digo por personal orgullo. Creo que el éxito no es mío. Es de la novela. Este género al que don José Ortega y Gasset, hace cosa de treinta años, proclamó en decadencia (...). No quiero hablar ahora de las ideas que expuso el refulgente pensador español acerca de un tema que ignoraba, como advirtió al comenzar su ensayo y demostró ampliamente a lo largo del mismo (...) la equivocación de Ortega fue de las que dejan huella, a causa de su autoridad pensadora, y hasta hoy se habla en el mundo hispánico de la decadencia de la novela como verdad indiscutible (Ciro Alegría, recopilado en Mucha suerte con harto palo. Buenos Aires: Losada, 1976. Publicado originalmente en Interesa el arte de hacer novelas. La Habana: Alerta. 19 de abril de 1956)

0 comentarios:
Publicar un comentario