Hay un viejo adagio que recomienda, antes de juzgar a nadie, que es necesario calzar los zapatos de ese nadie durante un tiempo para poder eso, juzgarlo bien. Viene a ser masomeneando lo mismo que una aplicación práctica del cada uno y sus cadaunadas, del yo y mis circunstancias y todo eso. Antes de juzgar a Fulanito, debo ponerme en el lugar de Fulanito, quizás de esa manera entenderé por qué Fulanito hizo eso y quizás no lo juzgaré, o lo haré con más indulgencia. Bueno, en fin, a lo que iba, vamos a ponernos en los zapatos del madero este que, en el video, se ve cómo patea a un manifestante mientras éste cae al suelo. La verdad es que viene de perlas esto de ponerme en los zapatos del madero ese, dicho sea de paso, porque justamente sus zapatos tienen mucho que ver en esta historia. Pero vamos ahí:
Ok, yo soy un madero. Bien, es fácil. Estoy en una manifestación rodeado de rojos, perroflautas y guarros que me insultan. ¿Yo, qué soy? ¿quizás soy un facha, quizás un filofranquista? Umm, ni idea. En definitiva, la situación no me gusta, se ve en la expresión de mi rostro. En fin, pongamos que, simplemente, no me gusta que esos rojos, perroflautas y guarros me insulten, sin ir más allá. Bien, vale, me insultan y no me gusta. Y un rojo se está pasando de la raya, se ha acercado y nos está gritando en la cara. Eso me gusta menos todavía, se nota por la explosión de energía que desprende mi cuerpo cuando voy a cogerle del brazo y lo empujo, con tanta ¿fortuna, quizás? que el rojo tropieza y cae al suelo mientras lo empujo. Eso no es ningún mérito, porque yo peso unos 100 kilos y mido algo más de 1,80 y soy todo un hombre, como corresponde, y el rojo no pesará ni 60 kilos y con suerte llega a los 1,60 metros. Pero vale, el rojo se está cayendo y mientras cae, indefenso ya, le propino una buena patada, tan fuerte que el ruido seco de mi bota impactando contra el cuerpo del rojo se oye nítidamente en el video, imponiéndose al ruido de varias personas gritando. ¿Contra qué parte del cuerpo del rojo impactó mi patada? ¿contra la cabeza del rojo, contra su ingle, contra su estómago o su pecho? en el video no puede verse. Bueno, ese detalle quedará sin revelarse, pero vamos a ver si comprendo mis motivaciones. ¿Por qué le propiné una fuerte patada a un rojo que pesa unos 30 kilos menos que yo mientras caía al suelo indefenso? ¿Para cumplir mis obligaciones en tanto policía? ¿para proteger a mis compañeros? Ummm, no lo parece. ¿Qué amenaza representa un rojo de 60 kilos mientras cae al suelo? ¿está alterando el orden público, en ese momento, por lo que es imprescindible mi actuación más expeditiva? Seguramente no. ¿Me enseñaron en la Academia que hay que patear a los rojos mientras caen al suelo? Ummm, creo que no. No, la verdad que no. ¿Entonces qué alternativa me queda? ¿Por qué pateé al rojo mientras caía al suelo? Ummm, vaya, no me quedan más opciones que reconocer que es porque me produjo placer patear al rojo. Vamos, un placer intenso. Hacer sufrir al rojo, quizás, con suerte, incluso lastimarlo, mientras caía al suelo, me produjo un placer que no veas. Y encima me pagan. Creo que fue por eso, efectivamente. Y, lo mejor de todo, como los políticos ya han aclarado que hay que actuar "firmemente" contra "los violentos", pues que no me pasará nada. Nada de nada. Seguiré cobrando mi sueldo todos los meses hasta que me jubile, y podré seguir pateando rojos indefenso sin que nadie me haga pagar, nunca, por mis desmanes.
¡La verdad, ponerse en los zapatos de los prójimos es cojonudo!
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