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La estrategia de Mosley, para llegar a ser exitosa, debía ser ejecutada por un boxeador mucho más rápido, con más puntería, y con una extraordinaria defensa. Porque uno no puede, sencillamente, abrir mucho los ojos e intentar adaptar lo que uno hace sin esas cualidades ante Manny Pacquiao, porque el filipino nunca ataca dos veces de la misma forma y nunca hace dos amagues iguales. Las buenas cualidades de Pacquiao son conocidas: puntería, velocidad, resistencia, encaje, valor, distancia, grandes combinaciones, fuerza. Nada que no pueda encontrarse en otros boxeadores, pero en Pacquiao esos puntos positivos siempre están uno o dos pasos por encima de sus rivales. Y no se puede pillar a un tipo así con una contra previsible, porque los crochet de izquierda volarán sin llegar a su objetivo. Y llegará un momento en que Pacquiao, a fuerza de amages efectivos y de combinaciones arrolladoras, incluso, te obligue a usar esa mano izquierda para proteger, y nada más que proteger, que para otra cosa. Si no recuerdo mal, solo llegaron con un poco de peligro dos crochet de izquierda a la cabeza del filipino, en todo el combate.
Mosley fue un boxeador deprimido, que descubrió muy rápido que lo que había planificado (si es que había planificado algo más que crochets de izquierda y buenas guardias) no le iba a servir para nada. Y no le iba a servir para nada, incluso, frente a un Manny Pacquiao que no mostró, ni de lejos, su mejor versión. Que lo peleó sin apenas sudar ni arriesgarse, pero que lo tuvo dominado desde el principio hasta el final.
Y fue al final, precisamente, que el conteo absurdo recibido por Pacquiao me hizo temer que, nuevamente, un boxeador local iba a ganar su pelea gracias a los jueces. Pero eso no pasó, a pesar de que el boxeador local era estadounidense, y el combate, celebrado en el Garden Arena del MGM Grand de Las Vegas.
Y sí, no fue una pelea entretenida. No al nivel que uno imaginaría cuando va a ver al mejor boxeador del mundo. Yo, que peso un poco más de 90 kilos y no están todos (aún) en mi estómago, no subiría al ring con Pacquiao ni siquiera aunque me permitieran auxiliarme de un bate de beisbol para ese menester. Mosley aguantó toda la pelea, se fue con la cara bastante compuesta, incluso pudo dar un par de piñas y, a su manera, le peleó de igual a igual a una leyenda viva del boxeo. No es poco.
Espero con ansiedad la pelea contra el portentoso Floyd Mayweather Jr. Esa pelea sí que va a merecer perder horas de sueño...

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