22.5.11

Los amigos soviéticos (Juan Terranova)

No entiendo por qué un escritor que es capaz de desplegar una prosa que, durante muchos párrafos, es realmente amena, cae también en tantas debilidades evitables. Tiene que ser algún mérito del escritor, el que consiga que el lector de esta novela acepte cosas injustificables. O quizás es, simplemente, que las novelas ganan por puntos, cuando ganan. Pero lo cierto es que hay detalles que obligan a uno a tomar aire con fuerza, a aceptar el destino y tirar para adelante. La novela se deja leer, de todos modos. Podría haber sido una novela mucho mejor, pero no. Entre otras cosas, porque se nota la falta de trabajo y de reflexión. Falta de trabajo se nota, por ejemplo, en la última cuarta parte del texto. El texto deja de estar tan pulido como antes, las frases dejan de funcionar tan aceitadamente como en la mayoría de los tramos anteriores. Se acumulan subordinadas innecesarias y dudas con las comas, y todo esto no había estado pasando. Aparecen erratas inexplicables, cosas como "Algeria" (¿espancés, frañol, inglés crudo?) por "Argelia", que demuestran que, en algún momento, faltó la mano de un buen revisor. Y esas cosas. Algo así, masomeno, como leer Vivir para contarla si se ha leído inmediatamente antes Cien años de soledad. Es como cuando un estudiante de piano no del todo prolijo acumula muchísima más práctica en los primeros compases de una obra, esas partes que ha repetido muchísimas más veces que las siguientes a fuerza de equivocarse y volver a empezar. Y es una lástima. Como también es una lástima que existan dos finales para la novela, uno después de otro, como si el escritor no se hubiera resignado a desechar uno de los fragmentos, o a recolocarlo en otro sitio, o a transformar alguno de ellos en esa sección que se llama "epílogo". Porque los finales son buenos. Muy buenos. Ambos son muy buenos. Pero hay que ser duro y preciso cuando se escribe. Incluso a Unamuno le pasaban cosas parecidas con sus finales, pero bueno, San Manuel Bueno, mártir no es Los amigos soviéticos.

El escritor tiene que estar dispuesto a comerse a sus hijos, pero no como se los comía Saturno, sino como se los comen las fieras.

Y también es una pena que, en un momento (en varios, en realidad) se note que el escritor dijo "bah, me chupa un huevo" con la construcción del personaje del narrador, y acabe convirtiéndolo en él mismo un poco diferente. Porque lo que se intuía en episodios como los viajes del narrador hacía imaginarse que por ese lado tenía que pasar algo, que no iba a tratarse, simplemente, de un alteregeado estudiante de Puán. Pero el "ma' sí" resuena poderoso. Y a la mierda. El narrador, que es un personaje plano, acaba siendo tambien un personaje redondo, pero en el peor sentido.

El texto se nota plagada de pequeñas revachas personales y, en general, no pasa nada. A veces funcionan, literariamente hablando. Nietzscszxazche, por ejemplo, también gustaba de escribirlas en sus obras, y sin venir a cuento, también, pero, por verbi gratia, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral o Así habló Zaratustra no es Los amigos soviéticos.

¿Y qué pasa con esa tensión que, se nota, va creciendo entre el amigo soviético y el narrador, que se traduce en las bromitas cada vez más sarcásticas que cruzan entre ellos sobre el final de la historia? Misterio. ¿Y cómo carajo se justifican los perdigonazos del principio de la novela? Misterio también. Quizás, fueron un símbolo de que en Buenos Aires nadie paga por lo que hace, quizás de que la violencia es cotidiana y aceptada. Quizás algo que se le ocurrió o que le pasó al narrador y acabó en letras de molde. Pero la apuesta es demasiado arriesgada, y no funciona. No funciona, porque el clima naturalista no deja que no pase nada, que no los re caguen a trompadas y/o a tiros, que no los metan presos, que no aparezcan sus aventuras en blanco sobre rojo con música de John Philip Sousa. En definitiva, el episodio es fuerte, está bien narrado, es una de esas partes amenas, y mucho, de la novela, pero después se va a tomar viento. No funciona.

Los cambios en el tono del narrador tienen una característica bersuitera muy concreta: lo llevan a uno del éxtasis a la agonía. Los episodios donde la escritura del narrador se re saca, como por ejemplo después de hablar con la ex mujer o después de leer un artículo de la revista del PP, son bastante convincentes, incluso aunque se intuyen motivaciones extraliterarias. El personaje odia, quiere ser cruel e injusto. No hay más. Y odia, es cruel y es injusto. Nadie es reflexivo en ese estado, y desde luego esos párrafos no podían ser sabios, sea lo que sea que signifique eso. Pero después, cuando empiezan los boludeos sobre lo que va encontrando en Internet, da agonía. Porque es al pedo. ¿Por qué influye en el tono del narrador, en la forma que construye sus frases, las boludeces que va encontrando en Internet? ¿A qué se debe que lo que el narrador va añadiendo de su propia cosecha entre citas entrecomilladas y acomilladas suene a mala redacción de Wikipedia? Ni siquiera se puede saber si es una decisión consciente del escritor, o es sencillamente falta de pulido. Si es bastante difícil de digerir la explicitación de los pelotudeos del narrador leyendo y leyendo cosas en Internet, ya se transforma en algo insoportable cuando dejan de notarse las decisiones estilísticas en el texto. Sí, quizás las digresiones simbolizan el boludeo del narrador, pero desde luego ese narrador no está padeciendo, se lo está pasando bomba boludeando y boludeando. Y se hace algo difícil transmitir ese disfrute si se obliga a padecer.

Los amigos soviéticos tiene muchas partes bien construidas, bien escritas. Está muy bien desarrollado ese "no romper las pelotas" que parece ser el mayor acuerdo entre sus protagonistas, esa discreción respetuosa entre ellos, ese no hacerse preguntas ni incordiar. No romper las pelotas, en definitiva. También esa especie de obsesión onda La vida breve que parece impulsar al narrador, de ir desapareciendo cada tanto de la vida de quienes le resultan insoportables. Ese impulso a acabar intuyéndolo todo a pesar de pensárselo todo. La forma en que la escritura nunca cae en la petulancia, en la arrogancia.

En definitiva, Los amigos soviéticos podría haber sido una novela mucho mejor de lo que acabó siendo.

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