28.4.11

Rendimiento escolar y situación socioeconómica

Levante ha publicado hoy un interesante artículo acerca del rendimiento escolar de los estudiantes en la Comunidad Valenciana. Añadido a la poco sorprendente noticia de que esta bendita tierra está prácticamente a la cola de España en cuanto a este item (la culpa es de Zapatero, no lo olvidemos...), algunos datos publicados muestran una realidad que es evidente para cualquiera que haya agarrado alguna vez un texto de Sociología de la Educación, y es que el correlato entre rendimiento escolar y situación socioeconómica da siempre el mismo tipo de resultados. Quienes peor lo tienen para el papeo, peor lo tienen para el estudio. Los demagogos, especialistas en la extracción de aceite extra virgen de piedra a partir de anécdotas (vr. gr., Pepito, que era pobre y acabó con Matrícula de Honor la carrera de Medicina y ahora tiene muchísima plata y es feliz) dan la espalda a las estadísticas, porque les interesa más la venta ambulante de trapo y lentejuela. Pero los datos, cuando se los estudia, son siempre como estos que publica Levante. Las mejores calificaciones han sido repartidas de la siguiente manera:

1) Mejor situados los estudiantes de privada que de pública.
2) Mejor situados los estudiantes españoles nativos que los inmigrantes o hijos de inmigrantes.
3) Mejor situados, entre los inmigrantes y sus familiares, aquellos que son segunda generación, que los que son primera. Y mejor los que son primera, que los que acaban de llegar.
4) Mejor situados los estudiantes provenientes de familias nucleares (pareja de dos adultos) que las de familias monoparentales.

Y los datos como estos podrían haberse seguido acumulando. Si hubieran recabado más estadísticas, habría resultado que los hijos de profesionales titulados tenían mejores calificaciones que los hijos de trabajadores no cualificados, y que los hijos de adultos con trabajo salían mejor parados que los hijos de desempleados, y que los hijos de familias pequeñas tenían mejor rendimiento que los de familias numerosas, etcétera.

Y no sería sorprendente, ni novedoso, porque son datos que cualquiera que haya tenido alguna vez una tabla de estadísticas, como las que están al alcance de cualquiera que se tome el trabajo de comprobar la bibliografía de cualquier cátedra de Sociología de la Educación, sabe que eso sucede siempre así, que no falla, que es como un relojito, como saber que si uno se cae al agua se moja. Por supuesto, los demagogos, si fueran coherentes con sus blablablás, deberían afirmar que los de pública son vagos, que los inmigrantes son vagos y que los hijos de familias homoparentales son vagos. No se los escucha afirmar eso, porque las lucecitas montadas para escena se deslucirían considerablemente si se desnudara su trasfondo sórdido. Pero bueno, las estadísticas, cuando no se usan para demostrar que si yo me como dos pollos y usted no come nada, los dos hemos comido un pollo cada uno, pues que no mienten...

Y si no me cree, amigo mío, sepa que los libros no muerden, y que puede comprobarlo usted mismo sin hacerme perder el tiempo, que no me sobra...

Qué bonito mundo el que nos tocó vivir...

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