Qué afán por engañarnos desvergonzadamente que tiene Vargas Llosa cuando de escribir cualquier escrito de no-ficción se trata.
Estoy leyendo "La orgía perpetua" y pesco aquí y allá "inexactitudes a designio" que me confirman, como siempre, el cinismo del bestial escritor peruano.
No entiendo por qué nos supone tan estúpidos don Mario Vargas Llosa, por qué pretende embaucarnos, hipnotizarnos, de una manera tan burda.
Nos cuenta Vargas Llosa que "Resulta notable que el más imaginativo episodio erótico de la literatura francesa no contenga una sola alusión al cuerpo femenino ni una palabra de amor, y sea sólo una enumeración de calles y lugares, la descripción de las vueltas y revueltas de un viejo coche de alquiler", cuando la novela está ahí, uno puede leerla, releerla, consultarla, y encontrarse que en ese imaginativo episodio erótico en el que no se alude al cuerpo femenino se menciona que "En un determinado momento, a mediodía y en pleno campo, con el sol hiriendo de plano los viejos faros plateados, se vio aparecer por entre las cortinas de tela amarilla una mano desnuda. Se abrió y dejó caer unos pedacitos de papel roto que se diseminaron al viento, volaron lejos y fueron a posarse, como mariposas blancas, sobre un campo de tréboles rojos en flor.", y después de un punto aparte, incluso nos cuenta que "Por fin, a eso de las seis, el coche se detuvo en una callejuela del barrio de Beauvoisine. Se apeó una mujer con el velo echado por la cara y arrancó a andar si volver la cabeza."
Esa mano desnuda no puede ser otra que la de Mme. Bobary, porque si no no estaría desnuda. Desnuda y saciada, evidentemente, como oculto y saciado está el rostro de Mme. Bobary oculto por el velo. Esa mano es tan erótica, a pesar de que una palabra vale tanto como 1/1000 imágenes, como la huella de la mano de Kate Winslet en el escenario de la bodega del Titanic que, por lo menos a mí, me parece muuuuy erótica. ¿Dónde está la ausencia del cuerpo femenino en esta escena erótica?
¿Por qué Vargas Llosa nos miente si no es porque considera la mentira en el ensayo y/o la nota periodística tan válida y recomendable como en la literatura? (si no, lean esta impresionante y absoluta muestra del cinismo al que puede llegar el bueno de Don Mario en su defensa del toreo, plagado de absolutamente todos los tópicos de los defensores de la Fiesta, sin perderse de argumentear, en una muestra de la suprema fealdad a la que suele llegar gustoso el peruano cuando de no-ficción se trata, esa tontería de que sin el toreo los toros bravos desaparecerían). Sigue mintiendo Vargas Llosa al pretender que sólo el pie y el calzado de Mme Bobary merece el fetichismo de la descripción de Flaubert, cuando la novela todo el tiempo nos describe, fetichista, el pelo de Mme Bobary, sus ojos, su talle, su cuello, y sus miradas, su postura, sus gestos, todo con la lupa del fetichista y del fetichistador que consigue que uno también lo sea de algo que no existe.
En fin, allá él. Que siga mintiendo. En definitiva, lo hacen todos.
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