25.12.11

Acerca de las tribulaciones de Lucía Etxebarría

Hace unos días me enteré de que Lucía Etxebarría, una escritora valenciana de la que aún no he leído nada, había anunciado en su cuenta de Facebook que iba a dejar de escribir porque su último libro había sido más veces descargado gratis de internet que comprado. Investigué un poco acerca de la autora y me encontré con que, hace unos años, ganó un Planeta, por lo que es claro que se trata de una escritora bastante reconocida, al menos en España. Yo leí algunas notas suyas en un periódico y, la verdad, no despertó mucho interés su forma de escribir, aunque ese es otro tema.

Sus notas en el muro de Facebook las leí con bastante simpatía e interés, la verdad, y entiendo perfectamente qué es lo que planteaba allí. Digo "planteaba", porque parece que las notas desaparecieron y, con ellas, la cuenta de la escritora en Facebook. En fin, de todos modos, si es cierto lo que allí escribía la autora, esto es, que por cada libro vendido ella ganaba más o menos 2 €, en seguida me pregunté qué era lo que impedía a la escritora el decidirse a publicar su obra futura, directamente, en internet. Me parece tan sencillo como contratar a un buen informático que posicione su página de descarga en los primeros resultados de Google y que, quien quiera descargar sus obras, envíe uno o dos mensajitos de esos que cuestan un par de euros para acceder al enlace de descarga del PDF. Los mismos internautas que descargan su obra gratis serían los que la descargarían por un par de euros; obviamente, siempre habría quien aún así preferiría descargar gratis el contenido, pero no sería el 100% de sus lectores. La escritora es suficientemente conocida para no necesitar, actualmente, que una editorial publique sus obras, por lo que la autoedición, realizada con asesoramiento de un profesional informático, se me antoja una solución al problema muy interesante, digna de probarse.

En fin. He dicho.

10.10.11

El tipo/tío, un hombre alto, más de 1,80, de espaldas anchas, pelo canoso, ojos celestes, algo más de 30 años y un abdomen que no hará mucho tiempo que empezó a sobresalir. La mina/tía, tan alta como el tipo. Un pelo largo que casi le llega al culo, unas curvas vertiginosas y atrapadas en una cintura como encorsetada, aunque no lo está. Los pechos de la mina son abultados y están ocultos tras la tela de una camisa cuyo último botón abrochado se nota tirante, por si hacía falta aclararlo. El tipo es un patán, eso no hay quien pueda dudarlo. La mina no. La mina tiene un rostro de esos que parece que sólo se forjan en Europa del Este, angelical y demoníaco, de piel apenas levemente pálida y, es evidente, muy suave. Unas facciones que podrían convertirse en el fetiche del hombre más frío, algo así como la Medusa pero al revés, porque la mirada de la mina no te transforma en estatua de sal sino en una masa amorfa de azúcares en ebullición.

Se acerca el mozo/camarero y les pregunta si van a cenar. El tipo responde con algún monosílabo que el mozo no entiende, por lo que les pregunta si prefieren la carta en español o en inglés. El tipo lo mira altivo y le responde que da igual, que él habla ocho idiomas. La mina no dice nada, sigue moviendo el cochecito en el que pugna por no dormirse un bebé que no tiene ni seis meses. La mina acaba de parir aunque nadie lo diría, por supuesto, porque está demasiado buena y es demasiado joven para que se le noten los partos. El mozo les entrega un par de cartas en español.

La mina sigue intentando que se duerma el bebe. Se levanta de su asiento para pasear el cochecito/carrito mientras su marido o su novio o su cafishio/chulo lee la carta como si fuera esa la actividad más importante en el mundo. Han intercambiado e intercambiarán algunas palabras antes, durante y después de esa lectura, él siempre exasperado, ella susurrante, como si quisiera desaparecer.

Es en ese momento en que me doy cuenta de que esa pareja es como un déjà vu de otras parejas vistas y conocidas. Es evidente que él le pega a ella, porque ella es hermosísima, está triste, tiene la autoestima por los suelos y tiene una responsabilidad de seis meses que es más de lo que ella cree que puede afrontar sola y él es un patán, sencillamente un patán, un patán muy atractivo, muy exasperado y con un estómago que desde hace uno o dos años, como mucho, ha empezado a sobresalir y a hacer que los botones de las camisas que se pone estén tan tirantes por la parte baja como los botones de las camisas de su mujer por la parte superior. Él la golpea a ella, es claro como el agua o como una mañana de primavera, lo mismo da. Se nota, porque hay pocos patrones de parejas donde él le pega a ella, y se repiten y se repiten, y ellos, el tipo y la mina, caben perfectos en uno de esos patrones.

La pareja cena. El tipo se toma casi dos litros de cerveza y ella apenas botella y media de Fanta de limón, casi siempre pendiente del dormir y despertarse del bebe que no despierta ningún interés en el tipo. Cuando vuelvo a mirarlos, otra vez, él la está abrazando y le besa la cabeza, sobre el pelo. Ella esconde su rostro sobre el pecho del tipo, mientras el tipo le habla. Las palabras, que no las oigo, no pueden ser otras que "voy a cambiar", "tú sabes cómo me pongo", "es que no sabes cuándo callarte", "te amo más que a mi vida", "ha sido la última vez, te lo prometo" y alguna más que ahora no se me ocurre. Son esas palabras dichas en algún idioma gutural de Europa del Este, un idioma que podría ser el español, el inglés o el alemán, porque siempre es lo mismo, en todas partes. Cuando finalmente él deja de abrazarla y ella deja de apoyarse en su pecho, un brillo sobre el tabique nasal de ella me confirma que sí, que ella había estado llorando una lágrima larga, ininterrumpida, que duraba desde uno de sus lacrimales hasta perderse dentro de uno de sus orificios nasales. Una lágrima como un marco tallado sabiamente, como la última pincelada que hacía falta para destacar sus facciones de muñeca, de loba y de tristeza.

Después pagaron y se fueron. Obviamente, repetirán su historia una y otra vez, en distintos lugares y frente a distintos testigos o en la intimidad. Él le seguira pegando y ella lo seguirá perdonando, porque está muy triste, se siente muy poquita cosa, tiene una responsabilidad que no le cabe ni en el pecho ni en el alma.

No soy una persona que añore dejar de ser el adulto que es, pero hay sabidurías que da la edad que sí que preferiría no tener, y una de esas sabidurías es ésta de descubrir, sin proponérmelo siquiera, algunas miserias típicas y sórdidas de las personas, porque es como si yo fuera parte de ese dolor y de esa frustración. La verdad, si me preguntan y en este caso al menos, me habría gustado ser aquel niño que hubiera preguntado "papá, ¿por qué llora la señora?" en vez del hombre que no tiene dudas en algunas poquitas cosas, como ésta.

4.9.11

Donald Westlake: La esmeralda candente

La esmeralda candente (Buenos Aires: Sudamericana, 1978), publicada años después en España bajo el nuevo título de Un diamante al rojo vivo (Gijon: Ediciones Júcar, 1988) es una de esas extraordinariamente graciosas novelas escritas originalmente en inglés que uno tiene la oportunidad de leer antes de morirse.

La historia es sencilla: hay una esmeralda valiosa que un grupo de ladrones tiene que robar para posteriormente entregar a un funcionario extranjero que les pagó para que hicieran precisamente eso. Pero las dificultades se acumulan y deben hacer frente a situaciones cada vez más inverosímiles, desquiciadas, hasta el final de la historia que no voy a contar, desde luego. Esto no explica, por supuesto, por qué el sólo hecho de leer la palabra "Dortmunder" le arranca una sonrisa a quien quiera que haya leído esta novela, y es que "Dortmunder" gratifica como sólo puede hacerlo palabras como "Wilt" o "Ignatius Reilly", y a buen entendedor, pocas palabras.

El cambio de título se debe a que, en 1972 (dos años después de publicada), la novela es llevada al cine con un nuevo nombre, una nueva piedra preciosa y una estrella que brilla tanto como las esmeraldas y los diamantes, Robert Redford. A mí, si me preguntan, me parece bastante menos respetuoso de sus espectadores que la esmeralda pase a ser un diamante, porque parece como que no nos consideran capaces de entender que la importancia de la joya es la que es (la esmeralda Balabomo, "casi tan grande como una pelota de golf", es objeto de culto para la distópica nación africana Talabwo) y no por su valor pecuniario, que aunque elevado no era lo determinante de su cotización. Al convertir la esmeralda en un diamante, parece como si nos dijeran "tontitos, es muy valiosa, dense cuenta". Además, y como comprobé leyendo simultáneamente una edición actual de Círculo de Lectores con la antigua de Sudamericana, el cambio de piedra arruina alguna situación cómica en las ediciones posteriores.


Mención aparte merece el trabajo de los traductores. Cora Nydia Belloni de Zaldívar firma la traducción de Sudamericana y Bruno Suárez la de Júcar. Pues bien, el trabajo del bueno de Bruno Suárez es prácticamente idéntico al de la señora de Zaldívar. Tan parecido, que si me lo preguntaran, contestaría que las diferencias más notables entre uno y otro es que donde en Sudamericana aparece la palabra "carajo" en Júcar hace presencia la palabra "coño" y donde de Zaldívar prefiere "hora pico", Suárez elige "hora punta". Y, para no olvidarlo, que Suárez arruina alguna situación cómica por modificar una frase de tal forma que, en su contexto, ya no puede ser graciosa (la genial última reflexión de Dortmunder frente a un manicomio antes de decidirse a asaltarlo, por verbi gratia). Si me preguntan, apostaría doble a sencillo que el bueno de Bruno Suárez cobró un dinerito para, sencillamente, adaptar la traducción de la señora de Zaldívar al español peninsular y olé, copiando incluso y escrupulosamente las animaladas ortotipográficas de la edición de Sudamericana (fascinante resulta, por ejemplo, la utilización de la puntuación, asociada a los paréntesis o no, en una y otra edición; y curiosamente, paralela em ambos libros...). Como siempre, una muestra más como cualquier otra de que los máximos interesados en reprimir a quienes "no respetan los derechos de autor" son los primeros en cagarse en los derechos de autor cuando no son sus propios derechos de autor, aunque esto ya es un off topic como una casa.

Volviendo al tema que nos ocupa, la narración de las desventuras de Dortmunder y su pandilla en esta, la primera novela que su autor escribe teniéndolo como protagonista, funciona como un crescendo sostenido y sin dudas, metódico, inevitable e impiadoso. No es una novela de gags, aunque los gags abundan. Es una novela que a pesar de ser exuberante es, también, reconcentrada y casi, casi, minimalista. Tiene mucho de humor minimalista La esmeralda candente, pero nada de frikismo post vaya uno a saber qué, afortunadamente. Westlake es exigente a su manera, con el lector. No nos ofrece un Wilt pegado a una muñeca hinchable ni un Ignatius Reilly enfrascado en un duelo contra su empleador armado de un tenedor para pinchar salchichas; nos ofrece personajes cansadísimos ante su mala suerte inaudita a pesar de no creer en malas suertes, nos ofrece perros que razonan a su manera, nos ofrece situaciones que se van repitiendo a lo largo de la historia nunca de la misma forma ni con igual intensidad y que me da pena aludir aquí, para no arruinar el efecto. De todos modos, por si hacía falta aclararlo, es necesario comentar que el hecho de que La esmeralda candente sea mucho más contenida que las explosivas novelas de Tom Sharpe o de John Kennedy Toole no implica, desde luego, que debamos leerla con una semisonrisa: nos reiremos a carcajadas muchas veces, nos reiremos de esa forma que nos hace descubrir que nuestra risa vale la pena, que nos alegra el día y nos hace la vida más bella y más buena.

25.8.11

"Como te pegue una ostia, verás"



Eso es lo que el madero contesta a la periodista cuando ésta le exige que no le levante la voz. Sí, el mismo madero que los rubalcabas y los blancos de turno, cínicamente, siempre definen como "eficientes", "moderados" y "profesionales". Menuda democracia; menudos "socialistas" nos gobiernan...

La persecusión institucional a los musulmanes en España ha comenzado...

Esto ya es digno del Tercer Reich, con todas las letras. En Salt, Cataluña, se ha prohibido la construcción de "edificios religiosos", así, en general, pero con el objetivo de que esos "edificios religiosos" que no se podrán construir sean las mezquitas. Por supuesto, así no está redactado, porque los hijos de puta de los racistas de mierda son siempre cínicos, y por eso se llaman a sí mismos "realistas" o "identitarios" o demás lindeces.

La medida no puede estar redactada en forma más cínica. Al aludir a los "edificios religiosos" la intencionalidad es clara: que nadie pueda acusarlos de discriminar a nadie, mucho menos a los musulmanes.

La persecusión institucional a los musulmanes, después de pasar por Suiza, a recalado por fin en España. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha mirado para otro lado con el tema suizo, vamos a ver qué pasa con el caso español. Y a ver, también, cómo reacciona el Defensor de Pueblo que tenga jurisdicción en Salt, quien quiera que sea el funcionario.

Horacio Quiroga: El mono que asesinó (antología)


jueves 25 de agosto de 2011




Colaboración: El mono que asesinó, de Horacio Quiroga



Idioma original: español

Año de publicación: 1991 en esta antología; publicados originalmente en la revista Caras y Caretas de Buenos Aires entre 1908 y 1911 en forma de folletín

Valoración: Decepcionante




Como lector nunca me pregunté si un sentimiento que me asalta, cada tanto, me hermana a otros lectores, y es el de sentirme agradecido ante mi buena estrella por el hecho de haber leído después una mala obra de un escritor admirado, en vez de haberla leído antes. Quiero decir: me alegra haber leído antes Conversación en la Catedral que Lituma en los Andes; me alegra haber leído antes Cien años de soledad que Memoria de mis putas tristes; me alegra haber leído antes La conjura de los necios que La Biblia de neón; me alegra haber leído antes Cuentos de amor, de locura y de muerte que estos cuentitos (dos) de la antología que me ocupa. Y me alegra, porque si el orden hubiera sido el inverso, el asco o la descepción me habrían embargado durante años y quizás nunca habría juntado suficientes fuerzas como para acometer otras lecturas de esos (y tantos otros) autores. Porque es claro que nadie es perfecto, pero cuando me cruzo con la obra de un autor y es tan rematadamente mediocre, me quita el hambre, el sueño, el hipo y la voluntad de volver a leer una línea del suprascripto. Pero me pasa cuando leo antes esa obra mala antes, que no después.




Si usted es como yo, amable lector, huya de nada que no sea Cuentos de amor, de locura y de muerte o los cuentos selváticos de Horacio Quiroga la primera vez que agarre uno de sus libros con intención de leerlo; si agarra un libro que tenga, como el mío, los cuentos "El mono que asesinó" o "El hombre artificial" desvíe su mirada prestamente, como ante la visión de un/a viej@ desnud@ o de un/a gat@ comiendo un/a ratón/ona. El primer cuento, aún, se deja leer, y eso se debe a que el escritor uruguayo parece no tomarse demasiado en serio el tema del que trata su relato y se permite aquí y allá deslizar pequeñas y amables humoradas que hacen amena la lectura; pero el segundo es incomible e indigesto: el peor Quiroga posible, el más convencido de que en Poe hay que creer como en Dios mismo, el más trasnochadamente positivista y romántico a la vieja usanza. Dos personajes consumidos por una Voluntad irreductible, llevando a piñón fijo sus designios hasta sus últimas consecuencias y, obviamente, consumidos por las trágicas consecuencias inevitables del inexorable fracaso (o fracasísimo, como guste usted).



No es la única vez, de todos modos, que Quiroga presenta personajes consumidos por la Voluntad, cualquiera sea ésta; en "El Yaciyateré", por ejemplo, también hay un dúo de hombres adultos dejándose el alma a jirones en su lucha contra la adversidad que frustra sus planes y todo eso; pero el cuento está ambientado en medio de la selva misionera, y se nota.



Decepcionantes los cuentitos.



Firma: Ferbr1




Publicado originalmente en el blog Un libro al día

24.8.11

Una forma como cualquier otra de definir qué es esto del voto útil puede ser "votar a quien te da asco para que no gane quien te da miedo". ¿Pero el PSOE, actualmente, da sólo asco? A mí, como ciudadano de a pie, aparte de asco me da miedo, y me da miedo porque el PSOE, económicamente, se parece cada vez más al PP, es decir, su forma de gobernar hace que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. O, lo que es lo mismo, que los ricos sean cada vez más felices y poderosos y los pobres más tristes e indefensos. Y que se mueran antes. Y que tengan más enfermedades. Y que les cueste más dinero curarse si es que se curan. Y que su educación sea peor. Etcétera.

Ahora resulta que la última ocurrencia del PSOE es que hay que reformar la Constitución para que no haya déficit. Por supuesto, los gastos que se verán recortados serán los de sanidad, educación y esas cosas. No entrará en la cabeza de nadie que, para que no haya déficit, no se podrá regalar dinero a los bancos y a los empresarios. Nada de eso, que pensar así es de antisistemas y gente mala.

Ojalá que vea yo, con mis ojitos, cómo el voto útil de izquierda es recolectado por un partido verdaderamente de izquierda o, por lo menos, un poco más de izquierda. Y no por un partido que apalea a su pueblo cuando lo hambrea (el PSOE).

20.8.11

Rubalcaba y los de su calaña los llaman "profesionales"; yo los llamo patanes

Rubalcaba y los de su calaña siempre tienen la verba dispuesta para blablababear acerca del "profesionalismo", la "prudencia", la "moderación", la "firmeza" de sus bienamados "cuerpos y fuerzas de seguridad", pero la realidad es bien distinta. Si usted es una señorita, se cruza con un integrante de los "cuerpos y fuerzas de seguridad" bienamados por Rubalcaba y los de su ralea y usted los insulta o increpa, el integrante de los "cuerpor y fuerzas de seguridad" en vez de actuar de la forma en que lo obliga su profesión y está entrenado para ello, bien al contrario, reaccionará como cualquier patán en una cafetería: le dará un buen golpe en la cara, si es con un palo, mejor. Y los compañeros de ese patán, en vez de detenerlo (vamos, para cumplir con sus obligaciones, esas que tienen el detalle de que deben actuar para prevenir o detener agresiones gratuitas) bien al contrario, actuarán coreografiadamente, aceitadamente, demostrando una eficiencia que sólo se adquiere después de años de repeticiones: alejarán al patán que tienen como compañero rápidamente de la escena del crimen, tan rápido como haga falta para que nadie pueda tomar los números de su placa o mirar detenidamente sus facciones para denunciarlo posteriormente.

Si hay represión y violencia incontroladas por parte de "cuerpos y fuerzas de seguridad" y los políticos blablababean alabándolas, lo que significa es que a los políticos les interesa la violencia política, la usan en su favor y para reprimir al pueblo. Si al policía que da porrazos, cada vez que podés, le decís que lo está haciendo muy, muy, muy bien, lo demás sobra, ese policía sabe que sus porrazos quedarán impunes, y seguirá dando porrazos, algo que da vidilla, evidentemente.

Ésta es la última filmación. Una chica insulta o increpa a un policía y el porrazo en la cara es instantáneo. Un chico retira a la chica (o sea, colabora con la labor policial) y el chico recibe porrazos en las piernas. Un fotógrafo está documentando los incidentes y, que nadie se sorprenda, hay porrazos para él también, que eso de documentar la represión es muy malo. Al fotógrafo pudieron haberlo matado, ya que el porrazo que recibió fue en la nuca.

Aquí, un video similar. En el atestado, las policías que apalearon a la detenida mintieron descaradamente. Aquí (''35), más de lo mismo.

Por supuesto, para el señor Blanco, portavoz del "gobierno" "socialista", no ha habido ningún exceso.

El fotógrafo agredido tiene un blog en el que ha relatado su experiencia con los "cuerpos y fuerzas de seguridad". El policía que casi lo mata, por supuesto, no llevaba ninguna placa identificativa.

19.8.11

Esto no hay quien lo arregle, ya. De un tiempo a esta parte están imponiendo, lento pero seguro, el debate acerca del copago y el de la privatización de la sanidad acá en España. Palabreríos de eficiencia y demás mareadas de perdiz. Lo mismo que pasó con la legislación laboral, como calcado. Primero se impuso el debate y después se le metió el dedo en el culo a los trabajadores (a los pobres) y el blablerío era que así se iba a salir antes y mejor de la crisis, pero la crisis sigue. Seguimos con crisis y ya no tenemos derechos que antes sí teníamos. En fin. El mundo que nos toca vivir, tan bonito él.

Obviamente, de aquí a un tiempo estas sugerencias sanitarias serán una realidad y habremos avanzado un gigantesco pasito más al añorado objetivo de la patronal que parece cada día más cercano y posible: volver al siglo XIX, donde los empleados trabajaban desde niñitos y hasta que reventaban y después ni seguridad social ni jubilación ni nada, que eso es de subversivos. Qué tiempos interesantes los que nos tocan vivir y los que vendrán...